Mientras la mayoría padece, unos cuantos se aprovechan. El ejemplo más
claro y ofensivo es que, si dejamos sin vigilancia a los partidos
políticos, éstos recibirán más de 3 mil millones de pesos en 2010.
Diversos grupos sociales ya proponen un cambio en la Constitución para
reducir este financiamiento. A grandes males, grandes remedios.
En la
peor crisis económica de las últimas décadas, el aporte de recursos a
los partidos crece. Los ríos de dinero son constantes porque estas
instituciones se las arreglaron para meter su financiamiento en la
Constitución. La bolsa a repartir se calcula con 65% del salario mínimo
para el Distrito Federal, multiplicado por el número de ciudadanos
inscritos en el padrón electoral. Así, no importa lo que ocurra en las
votaciones o en la economía, los partidos garantizan de este modo su
tajada porque la población aumenta al igual que el salario mínimo. Esto
es inmoral e inaceptable y tiene que cambiar.
Para pasar de la
protesta a la propuesta, el movimiento gestado a raíz de la promoción
del voto nulo en su carácter de Asamblea Nacional Ciudadana ha
planteado la reducción del financiamiento a los partidos, apoyado por
muchos individuos y grupos como Alianza Cívica y Propuesta Cívica.
De
manera concreta, se busca un cambio en la Constitución para modificar
la fórmula con la que se calculan los ingresos de dichas agrupaciones
para que, al sustituir el referente del “padrón electoral”, sea la
“votación nacional emitida” la que determine su financiamiento.
Se
trata de cambiar unas cuantas palabras al artículo 41 de la
Constitución para que el financiamiento se calcule multiplicando el
número total de votos válidos emitidos para un partido o coalición en
la elección inmediata anterior, en lugar del “número total de
ciudadanos inscritos en el padrón electoral”, como actualmente dice el
texto.
Esta sencilla modificación hará que el financiamiento de
los partidos se sujete a sus propios resultados electorales y a su
capacidad para convencer a la ciudadanía de que sus candidaturas son,
en efecto, la mejor opción política. También dará el poder a la
ciudadanía para que, si no la convencen, pueda optar por la anulación
de su voto y afectar con ello el dinero recibido por los partidos. Los
sufragios adquirirán así un nuevo sentido y en el marco de una
previsible reforma electoral, esta modificación pondrá a prueba la
verdadera voluntad democrática de los partidos políticos.
Además,
con este cambio los ciudadanos ahorrarán cerca de mil 800 millones de
pesos en el presupuesto del próximo año. Si se piensa en cifras
concretas, con estos recursos 213 mil 672 personas superarían la línea
de pobreza extrema rural durante un año. Visto de otra manera, podrían
comprarse 458 mil computadoras, 550 mil estufas, 465 mil
refrigeradores, 706 mil lavadoras o podrían instalarse 431 mil
letrinas. Todos, artículos que la gente pobre compraría de tener el
dinero (Sedesol, 2004).
Existen diversas maneras de involucrarse.
La Asamblea Nacional Ciudadana cuenta con una página de internet en la
que pueden encontrarse las acciones para apoyar esta causa
(http://www.anciudadana.org). También ha abierto una red social
(http://grou.ps/anciudadana) para intercambiar opiniones sobre esta y
otras propuestas relacionadas con la implantación de mecanismos de
democracia directa (como el valor jurídico del voto nulo, el
plebiscito, el referéndum, la iniciativa ciudadana y la revocación del
mandato), así como con el impulso a candidaturas independientes.
Además, puede difundirse esta propuesta, identificar maneras para
incorporarla en el ámbito estatal y exigir a los legisladores que hagan
los cambios correspondientes.
En el mar del oprobio, sobresalen
los partidos políticos. Se han convertido en espejo de la degradación
de la vida pública y han sido fuente inagotable de escándalos
relacionados con el poder corruptor del dinero que reciben. Acabemos
con esta casta de privilegiados. No podemos darnos el lujo de tener la
democracia más cara de Latinoamérica y, al mismo tiempo, a más de 50
millones de mexicanos viviendo en pobreza. El presupuesto no es de los
partidos políticos, sino de la ciudadanía: es el dinero de sus
impuestos. Es hora de que los partidos le rindan cuentas y que este
pequeño cambio en la Constitución sea un gran cambio para la democracia
y la dignidad civil.
http://twitter.com/albertoserdan
Secretario técnico de Propuesta Cívica, AC, promotor de Esperanza Marchita